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26 de enero de 2020

Domingo 26 de Enero de 2.020

Tiempo Ordinario /3º

Misal virtual de hoy AQUÍ

Evangelio:

San Mateo 4, 12-23

Jesús en Galilea

12Habiendo oído (Jesús) que Juan había sido preso, se retiró a Galilea. 13Dejando a Nazaret, se fue a morar en Cafarnaúm, ciudad situada a orillas del mar, en los términos de Zabulón y Neftalí, 14para que se cumpliese lo que anunció el profeta Isaías, que dice:

15<< ¡Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles! 16El pueblo que habitaba en tinieblas vio una gran luz, y para los que habitaban en la región de mortales sombras, una luz se levantó>>.

17Desde entonces comenzó Jesús a predicar y a decir: Arrepentíos, porque se acerca el reino de Dios.

18Caminando, pues, junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, que se llamaba Pedro, y Andrés, su hermano, los cuales echaban la red en el mar, pues eran pescadores; 19y les dijo: Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres. 20Ellos dejaron al instante las redes y le siguieron. 21Pasando más adelante, vio a otros dos hermanos, Santiago el de Zebedeo y Juan, su hermano, que en la barca, con Zebedeo, su padre, componían las redes, y los llamó. 22Ellos, dejando luego la barca y a su padre, le siguieron.

23Recorría toda la Galilea, enseñando en las sinagogas, predicando el evangelio del reino y curando en el pueblo toda enfermedad y toda dolencia.

Sagrada Biblia. Nacar-Colunga (1.944) 

“Palabra del Señor”

“Gloria a ti Señor Jesús”

Meditación:

Jesús en Galilea

¡Claro que los santos pueden tener dinero!

Gracias a los obsequios de los Magos, la Sagrada Familia pudo vivir en Egipto y regresar a su país. Y tú puedes tener dinero, y la Iglesia Católica puede tener dinero en bienes y en capital, porque la santidad no la da la pobreza, sino que la santidad viene dada por cómo gastas ese dinero, por dónde tienes puesto tu corazón.

Anda, anda, ¡claro que puedes ser santo-a, teniendo bienes y dinero!, pero da de ti, y cuando des, dáte con lo que das, sirve a los demás.

Sé que te ha gustado; bien, entonces ¿dejarás que Dios te haga santo-a? ¿Sí? Muy bien por ti. Amén.

P. Jesús
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