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24 de noviembre de 2018

Sábado 24 de Noviembre de 2.018

Tiempo Ordinario /33º

Misal virtual de hoy AQUÍ

Evangelio:

San Lucas 20, 27-40

Los hijos de la resurrección

27Se acercaron (a Jesús) algunos saduceos, que niegan la resurrección, y le preguntaron 28diciendo: Maestro, Moisés nos ha prescrito que, si el hermano de uno viniere a morir con mujer, pero sin hijos, su hermano tome la mujer para dar descendencia a su hermano. 29Pues había siete hermanos, y el primero tomó mujer y murió sin dejar hijos. 30También el segundo 31y el tercero tomaron la mujer, e igualmente los siete, y no dejaron hijos y murieron. 32Por fin, murió también la mujer. 33En la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete la tuvieron por mujer. 34Díjoles Jesús: Los hijos de este siglo toman mujeres y maridos. 35Pero los juzgados dignos de tener parte en aquel siglo y en la resurrección de los muertos, ni tomarán mujeres ni maridos, 36porque ya no pueden morir y son semejantes a los ángeles e hijos de Dios, siendo hijos de la resurrección. 37Pues que han de resucitar los muertos, el mismo Moisés lo da a entender en el pasaje de la zarza, cuando dice: <<El Señor, Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob>>.38Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, porque para Él todos viven. 39Tomaron entonces la palabra algunos escribas y dijeron: Maestro, muy bien has dicho. 40Porque ya no se atrevían a proponerle ninguna cuestión.

Sagrada Biblia. Nacar-Colunga (1.944) 

“Palabra del Señor”

“Gloria a ti Señor Jesús”

Meditación:

Los hijos de la resurrección

Los muertos resucitarán a la vida sin fin, allí donde, cómo no van a morir, no necesitan continuar la especie, no como aquí en la tierra, que antes de los 120 años se parte al destino para siempre.

Hay también aquí, los laicos consagrados que hacen voto perpetuo de castidad, y no tienen relaciones sexuales con nadie, porque quieren vivir semejante a los ángeles, que viven para servir a los hombres por amor a Dios. Y eso hacen los consagrados, sirven a las personas por amor a Dios. Viven en el mundo, están en el mundo, trabajan en el mundo y cobran dinero de su trabajo, pero viven la pobreza y la obediencia a su superior, si es que son de una congregación; y si son consagrados, digamos, “anónimos”, que llevan una vida para Dios, sin estar archivados en ningún “censo” de ningún grupo católico, esos, con su dinero, viven la pobreza y lo invierten en obras de caridad y en cosas lícitas para su santidad, porque pensar en su vejez, también es algo real, y es necesario que sepan que necesitarán cuidados y alimento, y posiblemente, con los años, van a estar enfermos, y deben preocuparse por seguir en libertad de decidir su santidad ante la sociedad laicista que abunda hoy en día en la vida.

Todos los santos van a resucitar y no necesitarán de más afecto que la unión con Dios, ¡el Amor!

Compréndelo.

P. Jesús

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