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18 de noviembre de 2020

Miércoles 18 de Noviembre de 2.020

Tiempo Ordinario/33º

Misal virtual de hoy AQUÍ

Evangelio:

San Lucas 19, 12-13.15-26

Negociad mientras vuelve Jesús, que volverá

12Dijo, pues (Jesús una parábola): Un hombre noble partió para una región lejana para recibir la dignidad real y volverse; 13yllamando a diez siervos suyos, les entregó diez minas y les dijo: Negociad mientras vuelvo. 15Sucedió que, al volver él, después de haber recibido el reino, hizo llamar a aquellos siervos a quienes había entregado el dinero, para saber cómo habían negociado. 16Se presentó el primero, diciendo: Señor, tu mina ha producido diez minas. 17Díjole: Muy bien, siervo bueno; puesto que has sido fiel en lo poco, recibirás el gobierno de diez ciudades. 18Vino el segundo, que dijo: Señor, tu mina ha producido cinco minas. 19Díjole también a éste: Y tú recibe el gobierno de cinco ciudades. 20Llega el otro diciendo: Señor, ahí tienes tu mina, que tuve guardada en un pañuelo, 21pues tenía miedo de ti, que eres hombre severo, que quieres recoger lo que no pusiste y segar donde no sembraste. 22Díjole: Sabías que yo soy hombre severo, que tomo donde no deposité, y siego donde no sembré. 23¿Por qué, pues, no diste mi dinero al banquero, y yo, al volver, lo hubiera recibido con los intereses? 24Y dijo a los presentes: Quitadle a éste la mina y dádsela al que tiene diez. 25Le dijeron: Señor, ya tiene diez minas. 26Díjoles: Os digo que a todo el que tiene se le dará, y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado.

Sagrada Biblia. Nacar-Colunga (1.944) 

“Palabra del Señor”

“Gloria a ti Señor Jesús”

Meditación:

Negociad mientras vuelve Jesús, que volverá

Dios Hijo Jesucristo, el amado del Padre, se fue, resucitado y con vida, se fue; subió a los Cielos para ir a preparar tu morada definitiva en el Reino de Dios, el perdido Paraíso, allí donde serás feliz eternamente.

Mientras no regresa, quiere que negocies con tus talentos, quiere que rindas, aquí en la tierra, la caridad de tu fe, dando esperanza a todos, viviendo tú, la misma esperanza en Dios.

Luego volverá, ¡Seguro!

Y pasará cuentas contigo. Sí, contigo. A ver… ¿qué tienes en tu haber?, ¿cuántas obras de misericordia, de justicia, de caridad, has hecho hasta hoy?…

En serio, te lo pregunto en serio, porque quiero que te examines a ti mismo, para variar, de tanto hablar y observar lo que hacen supuestamente los demás y que crees tú saberlo todo.

Si ahora viniese la muerte para ti, dime, escribe en un papel, lo que has hecho de bien, cumpliendo con la ley de Dios y haciendo obras de caridad, de misericordia, de bondad, de justicia, de compasión… ¿ya has perdonado a todos los que te han dañado?, pues, empieza con esto. Medita a quién debes perdonar, y uno a uno, ve perdonando con tus cinco sentidos, porque es de justicia que perdones a todos, si quieres recibir el perdón de Dios en ti.

Y te deseo larga vida para que hagas penitencia, permitiendo a todos ser como son; a los malos, malos; a los buenos, buenos; y a todos, por tu santo ejemplo, mejores cada día, por tus oraciones y silencios a sus palabras que te dañan o quieren hacerlo; porque cuanto más seas de Dios, menos te importará lo que digan de ti. Si te importa, es que aún algunos de ellos son dioses para ti, y quiero que, de una vez por todas, los destrones y les des su lugar, que es el de servirlos tú a ellos de ejemplo, de buen ejemplo.

No esperes mucho de los demás; si te lo dan, ¡aleluya!, y lo importante para ti, es lo que tú les das a ellos; ¿qué les das?, ¿más motivos para que luego tengas que perdonarlos, porque los has dañado y se han vengado?… No lo hagas, amigo-a, porque no es justo que incites a los demás a pecar. Tú aprende a dar lo mejor de ti, y disfruta de ello, de dar lo mejor de ti, para disfrutar de tus potencias de bondad y para ofrecerle a Dios las obras y palabras salidas de ti; y entonces, cuando vuelva Dios a buscarte, ¡que volverá!, o lo hallarás ante tu muerte, entonces, pasará las cuentas contigo. ¡Prepárate ya para ganar el mejor lugar en el Reino Celestial, allí donde la Virgen María, ruega por ti de noche y de día!

P. Jesús
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