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13 de noviembre de 2018

Martes 13 de Noviembre de 2.018

Tiempo Ordinario /32º

Misal virtual de hoy AQUÍ

Evangelio:

San Lucas 17, 7-10

El siervo

(Dijo el Señor): 7¿Quién de vosotros, teniendo un siervo arando o apacentando el ganado, al volver él del campo le dice: Pasa en seguida y siéntate a la mesa, 8y no le dice más bien: Prepárame la cena, cíñete para servirme hasta que yo coma y beba, y luego comerás y beberás tú? 9¿Deberá gratitud al siervo porque hizo lo que se le había ordenado? 10Así también vosotros, cuando hiciereis estas cosas que os están mandadas, decid: Somos siervos inútiles; lo que teníamos que hacer, eso hicimos.

Sagrada Biblia. Nacar-Colunga (1.944) 

“Palabra del Señor”

“Gloria a ti Señor Jesús”

Meditación:

El siervo

El siervo de Dios, el consagrado, hace voto perpetuo o temporal de pobreza, de obediencia y de castidad. Y mira para su Amo, para que en todo, Dios esté contento, y para esto, le sirve primero, sí, primero Dios, antes que él mismo; esto es lo que hace un consagrado, y todo sin quejarse, aceptando lo que tiene y lo que recibe y le dan.

Pero, siendo sacerdote, he visto el sufrimiento de algunos que, siguiendo estos votos, a los amos que sirven, algunos no tienen a Dios como el primero, y aunque parece ser que el voto de pobreza existe, el dinero circula y abusa de su poder. Por desgracia así es. Pobreza es pobreza, no es tener un papá rico que te sacará de los peligros, sino que la pobreza es para que uno confie en Papá Dios; y fiarse realmente y consecuentemente, hoy en día, de Dios, ¿cuántas instituciones católicas lo hacen?… Algunas hay, y deberían ser todas.

Si has caído en manos de unos que te hacen cumplir voto de pobreza, pero estás más bien servido que un rey, medita: ¿crees que es esto la real pobreza?; no porque no pagues las facturas, eres pobre. Hay hijos de papá, que sus padres les pagan todo, y ellos no tienen nada. Medita bien mis palabras, porque el escándalo es éste, decir pobreza y vivir con riqueza, con una mal llamada dignidad humana, con unos lujos que se quedan en casa, y ¿de quién es la casa?

La castidad, todos los solteros deben practicarla, porque no es por voto su cumplimiento, sino por ley, la Ley de Dios.

Y la obediencia, ¿a quién?, todos deben obedecer a Dios, de esto nadie se escapa, y llevar esta dura carga, la del cumplimiento de los mandamientos de Dios y los de la Iglesia, son normas para todo buen católico, sea casado, soltero, religioso, sacerdote o consagrado. La santidad es para todos. Dios vino a salvar a los pecadores, y todos lo son, todos los hijos nacidos de hombre y mujer, por eso Cristo, que es hijo de Dios, y por ser Dios, aun siendo tentado por las tentaciones que todo hombre tiene, por sus circunstancias en que vive, y por ser Jesús el hijo de María, la joven mujer judía, las pasó, y las soportó, y las ganó una y otra vez, porque aún siendo hijo de María, es hijo de Dios.

Tú, que no eres Dios, vas a pecar, aunque seas consagrado-a, por eso debes de obedecer a Dios y confesarte y mantenerte bajo la luz y la gracia de las llaves de Pedro. Dios salva. Tú eres salvado, siendo o no consagrado, pero si eres consagrado es que has aceptado tu realidad, el ser hijo de Dios y de la Virgen María, por la Gracia de la resurrección de Jesús, el Cristo, que murió por ti en la Cruz.

El consagrado, muere a sí mismo, para ser de Cristo, para ser de Dios, para proclamar el Evangelio, para hacerlo suyo, para que todos al verlo, vean que en él vive el amor a Dios. Ese es el voto, el amor, amar a Dios hasta que duela, ¡y duele! Pero tú eres fuerte, fuerte en la fe, porque la fe es la que te ha llevado a consagrarte, sea dentro de una congregación, o sea por tu propia cuenta, que eso también vale, y dijo Dios que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha, porque el que es consagrado y además es discreto en su vida de consagración, este es el siervo que, cuando llega a casa, sirve a su Amo, y espera a que el Amo esté contento, para pensar en comer él, es decir, no se queja, porque el consagrado que se queja, ¿para qué se ha consagrado?, ¿para que lo vean?; por eso Dios no quiere que ni tu propia mano izquierda sepa lo que hace la derecha, para que todo lo hagas por Dios, y Dios que ve en tu corazón, sabe que te dices a ti mismo que eres un siervo inútil, que todo lo que haces con tanto esfuerzo, es lo menos que podías hacer, después de lo que Dios, Jesús, hizo por ti; ¡que sí!, todo es muy poco, aunque sea mucho lo que hagas, porque sé que meditando más, muchas más obras y palabras de bondad podrías dar a la humanidad. ¡Lo sé!, lo sé porque confío en ti, en que eres de fiar, en que no necesitas que nadie te controle, que nadie te vigile y le diga a otro que te diga que debes prosperar; tú no necesitas de sermones, porque todo lo que haces es por amor, ¡como los santos de verdad!, esos que es Dios quien los juzga, y son ellos mismos quienes sólo saben lo que verdaderamente hacen, porque no es bueno hablar de lo que uno hace por su santidad, porque es una cosa entre tú y Dios. ¡Ves que es fácil consagrarte y cumplir con tu voto, porque sí!; lo sé, sé que eres de los que tiene fe. No es que esté en contra de los que son consagrados de un grupo de consagrados, ¡no!, porque cada cual es libre, como también lo es aquel que decide, entre él y Dios, consagrarse y servir a Dios, hasta morir. Ya sé que me has comprendido, ¡lo sé!, porque soy claro, porque no tengo nada que esconder. No es que haya que esconder nada, ¡nada!, ya que uno tiene que consagrarse libremente, porque así lo quiere. Dad paso al Amor, y veréis cuantos, por amor a Dios, hacen cosas que algunos dirían que es imposible, pero todo es posible para Dios y para el que ama a Dios sobre todas las cosas y personas.

Estamos en tiempos distintos, ahora la libertad es más absoluta. Hubo un tiempo en que se necesitaba de dinero para tener una vida consagrada, aún haciendo voto de pobreza; ahora, hoy en día, cada quién, si quiere, puede consagrarse, viva o no con su familia, porque la vida del consagrado es una relación entre Dios y él, porque la vida del santo es de todos los días viviendo la fe, haciendo obras de caridad en grado heroico, y a veces, es más heroico ir solo por la vida, solo con Dios, que ser de una congregación de laicos consagrados, donde todos se vigilan y, a veces, algunos son tentados por la santidad de los más avanzados.

A mí, personalmente, me gusta la individualidad, dentro de ser católicos, cumpliendo con la doctrina católica y aceptando la soledad del que parece ser como todos, pero es distinto, porque tiene una relación personal con Dios Uno y Trino, que lo lleva a servir a quien la Divina Providencia le acerca, le mantiene cerca; porque como a los primeros cristianos, ese: “mira como se aman”, es lo que hace que la gente cambie, el cómo tú seas capaz de amar a los demás, y no para acercarlos a tu grupo personal dentro de la Santa Madre Iglesia Católica, sino porque tú lo amas como Dios te ama, como Dios lo ama. Son otros tiempos, tiempos de libertad, en la soledad de decidir por ti mismo, por ti misma. Dile que sí a Dios, y haz voto con Él, de obediencia, de pobreza y castidad. La castidad, puede ser voto hasta que te cases, porque Dios quiere que decidas por ti mismo, por ti misma, si vas a casarte o no, y aún así, dependerá de que encuentres a la persona con la que compartir la santidad, porque a veces hay que esperar más de lo que uno piensa, pero Dios sabe, y tú debes saber que la oración lo puede todo, ¡todo!

Es tiempo de los audaces, de los líderes, de los emprendedores; es tiempo de los que se consagran a Dios, haciendo voto de obediencia, de castidad y pobreza, y si te casas, la castidad pasa a ser una vida de amor y entrega, y la pobreza, muy seguro que continúa, porque tener familia es un gasto económico enorme, que necesita de las normas de pobreza, que son el no gastar más de lo necesario y dar al que lo necesita, y también, si se puede, guardar para el mañana, porque si no eres de una congregación, deberás cuidar de ti mientras vivas, así que haz rendir tus talentos, sé austero sin ser usurero, y confía en la Divina Providencia, al fin y al cabo, Dios es el Rey del Universo.

Siempre es tiempo y edad para consagrarse.

P. Jesús

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