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4 de septiembre de 2020

Viernes 4 de Septiembre de 2.020

Tiempo Ordinario/22º

Misal virtual de hoy AQUÍ

Evangelio:

San Lucas 5, 33-39

Ayunar

33Ellos (los fariseos y los escribas) le dijeron (a Jesús): Los discípulos de Juan ayunan con frecuencia y hacen oraciones, y asimismo los de los fariseos; pero tus discípulos comen y beben. 34Respondióles Jesús: ¿Queréis vosotros hacer ayunar a los convidados a la boda mientras con ellos está el esposo? 35Días vendrán en que les será arrebatado el esposo; entonces, en aquellos días, ayunarán. 36Y les dijo una parábola: Nadie pone un remiendo de paño nuevo en un vestido viejo; de lo contrarío, romperá el nuevo, y el remiendo tomado del vestido nuevo, no ajustará sobre el viejo. 37Ni echa nadie el vino nuevo en cueros viejos; de lo contrarío, el vino nuevo romperá los cueros y se derramará, y los cueros se perderán; 38sino que el vino nuevo se echa en cueros nuevos, 39y nadie, cuando bebe vino añejo, quiere el nuevo, porque dice: El añejo es mejor.

Sagrada Biblia. Nacar-Colunga (1.944) 

“Palabra del Señor”

“Gloria a ti Señor Jesús”

Meditación:

Ayunar

¿Qué hace de bien ayunar para una causa determinada, y siempre por y con caridad?…

Algunos no lo saben, no saben que por el cuerpo, por los trastornos, las dolencias, las necesidades del cuerpo, el alma llora o grita, y necesita consuelo. Pues el ayuno es el consuelo del cuerpo al alma, porque al privar el cuerpo de comer, al estar en reposo, sin hacer algunas de sus funciones, como es la digestión, el alma puede aliviar al cuerpo, y el cuerpo, relajado, consuela al alma. ¡Cuántos pecados se cometen por necesidades del cuerpo!… Cuantas menos necesidades tenga el cuerpo, menos pecados se cometen; el deseo, si es egoísmo, no tranquiliza, más bien, el deseo de cubrir las necesidades del cuerpo, aunque sean las vitales, las lícitas, atormentan a la mente, exigiéndose, haciéndose tan protagonista de si mismo, que el alma queda marginada por las exigencias del cuerpo. Las personas que se acostumbran a rezar y ayunar, que tiene que ir junto el rezo y el ayuno, esas personas alcanzan más cosas que los demás. Sí, el esfuerzo de rechazar alimento para tu cuerpo, unido a la oración y al ayuno, hace que tú, cuerpo, alma y mente, se unan en el deseo de algo mejor que se entrega a Dios, se pide a Dios, por la oración, con la oración y el ayuno, y responsablemente la mente maneja la situación de falta de alimento, por el ayuno, no como un castigo, sino como una renuncia voluntaria para el bien que se pide con la oración. El que está acostumbrado a ayunar, éste puede llegar con más facilidad a la santidad, por el dominio de sí mismo, por la renuncia de sí mismo, que ejercita el ir contra el egoísmo, la soberbia, la lujuria, y acostumbrando al cuerpo a descansar de algunas funciones vitales, puede el alma disfrutar de esta paz, de no tener que desarrollar estas funciones, como he dicho, la de la digestión, que pone en marcha todo un mecanismo, incluso la sangre va más al estómago y la mente no dispone de tanto riego sanguíneo, y la mente que es la que construye los pensamientos, necesita de este oxígeno de la sangre, que le falta, para pensar mejor. El ayuno con la oración, ayuda al alma a ser más ella, sin esos pensamientos, que una sangre demasiado nutrida, desfavorece tener buenos pensamientos.

El ayuno con la oración, es bueno para el alma y el cuerpo, y comer sano y poco, ayuda siempre al cuerpo y al alma. Hay alimentos que excitan el cuerpo, y otros lo oxigenan y lo sanan.

Comer sano y sin exceso, junto a la oración a Dios, ayudan a la persona a disfrutar más y mejor de la vida, a disciplinar el cuerpo y a tener ventajas sobre los deseos que se piden en oración a Dios.

Hay quien todo el día está pensando en qué comerá, y come tantas veces al día como veces que tiene que hacer la digestión; para la persona sana, comer poco y sano, practicar el ayuno, es una medida para la salud mental, espiritual y física.

Dios hizo ayuno; Jesús ayunó.

Cada quien que haga lo que mejor le convenga, según su salud y su capacidad de entrega, porque entregar el hambre a Dios, como sacrificio voluntario, un día determinado, unido a la oración, eso da paz, es paz, es amor.

El amor es voluntario, como lo es el ayuno sano y santo.

P. Jesús
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