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4 de septiembre de 2016

Domingo 4 de Septiembre de 2.016

Evangelio:

San Lucas 14, 25-33

Necesidad de la abnegación para tomar la cruz

Luk 14:25 Se le juntaron a Jesús numerosas muchedumbres, y, vuelto a ellas, Jesús les decía:
Luk 14:26 “Si alguno viene a mí y no aborrece a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y aun su propia vida, no puede ser mi discípulo.
Luk 14:27 El que no toma su cruz y viene en pos de mí no puede ser mi discípulo.
Luk 14:28 ¿Quién de vosotros, si quiere edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos a ver si tiene para terminarla?
Luk 14:29 No sea que, echados los cimientos y no pudiendo acabarla, todos cuantos lo vean comiencen a burlarse de él diciendo:
Luk 14:30 “Este hombre comenzó a edificar y no pudo acabar”.
Luk 14:31 ¿O qué rey, saliendo a su campaña para guerrear con otro rey, no considera primero y delibera si puede hacer frente con diez mil al que viene contra él con veinte mil?
Luk 14:32 Si no, hallándose aún lejos de aquél, le envía una embajada haciéndole proposiciones de paz.
Luk 14:33 Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser mi discípulo”.

Sagrada Biblia. Nacar-Colunga (1.944)

“Palabra del Señor”

“Gloria a ti Señor Jesús”

Meditación:

Necesidad de la abnegación para tomar la cruz

No te quejes tanto, debes dejar que otros puedan ser sentenciados según su libertad, y con el trato que te dan, se están sentenciando. Tú, da el bien siempre, sin mirar a quién. Porque tú también te estás sentenciando.

Ya sé, ya sé que es muy difícil hacer el bien sin mirar a quién, pero de eso va la vida, de vivir un ideal, que es Jesús, Dios, y seguir una verdad que es universal: vive y deja vivir.

No es nada fácil seguir a Cristo. Él mismo lo dijo, Dios nos avisó. Pero es que, no siendo fácil, es lo más fácil de hacer, más que pecar, más que olvidarse de Dios.

Os cuento, el pecador vive asustado, porque el pecado tiene consecuencias; siempre, de un mal, llegará el mal  a ti, y siempre, de un bien, puede llegar un mal  a ti; no por tu bien, sino por el mal que hay en el mundo.

Algunos dicen que, cuando uno sufre, es porque algo ha hecho; esto es cierto, lo que no es cierto, es que este algo sea algo malo; por ejemplo, Cristo recibió mal de su bien, y ¿qué había hecho?: avisar del mal que hay en el mundo, y pedir a todos que hicieran el bien. ¿Por eso merecía la muerte? No. Pero molestó a muchos que iban con apariencia de buenos, siendo malos. Entonces, puede que tú sufras, o hayas sufrido, o sufrirás, porque intentas ser bueno, intentas imitar a Cristo, y otros no quieren ver la Verdad de la bondad.

Si unos padres educan bien a sus hijos, y una vez éstos se van del hogar, cambian de conducta y hacen cosas malas contra sus padres, incluso yendo de buenos ellos, los hijos, ¿ese mal que han recibido los padres, se lo habían merecido? No. Como Jesús, están crucificados porque los hijos emancipados no quieren servir a Dios, sino que siguen al diablo.

Y hay hijos buenos, de padres malos, que una vez fuera del hogar, han encontrado la Verdad, y viven su vida, como otros cristos, pero los padres los desheredan porque no son como ellos, fariseos.

Dos hermanos, uno es bueno y el otro es malo, y llegados a la pubertad, los vicios de uno, odian las oraciones del otro. Y sufre el bueno, y lleva su cruz, como la llevó Jesús.

Dos amigos, amigos de corazón, pero la envidia envenena a uno de los dos, y le pone trampas al otro para que caiga; mas el otro lleva su cruz y, alejándose del malo, busca el bien, vive el bien y hace el bien; y vemos que el malo lo calumnia, le quita la buena fama; entonces, el sufrimiento del bueno, ¿se lo merecía?

Claro que nadie es perfecto, y que sólo hay uno de bueno, que es Cristo, pero hay personas que actúan bien, unidos a su formada conciencia en el amor, de amar a Dios sobre todas las cosas y personas, y no enseñan el mal, aun no siendo perfectos y teniendo pecados, pero no dañan adrede a nadie. En cambio, hay otros que son malos, que sí que dañan adrede a los demás y, muchas veces, a cambio de bien, del bien recibido.   

Hay que devolver bien por mal, siempre, y a todos. El mundo sólo cambiará, cuando no haya celos ni envidias de la bondad.

P. Jesús

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