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3 de marzo de 2014

Lunes 3 de Marzo de 2.014

Evangelio:

San Marcos 10, 17-27

¿Qué he de hacer para alcanzar la vida eterna?

Mar 10:17  Salido al camino, corrió a él uno, que, arrodillándose, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué he de hacer para alcanzar la vida eterna?
Mar 10:18  Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno, sino sólo Dios.
Mar 10:19  Ya sabes los mandamientos: no matarás, no adulterarás, no robarás, no levantarás falso testimonio, no harás daño a nadie, honra a tu padre y a tu madre.
Mar 10:20  El le dijo: Maestro, todo esto lo he guardado desde mi juventud.
Mar 10:21  Jesús, poniendo en él los ojos, le amó, y le dijo: Una sola cosa te falta; vete, vende cuanto tienes y dalo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo; luego ven y sígueme.”
Mar 10:22  Ante estas palabras se anubló su semblante y fuese triste, porque tenía mucha hacienda.
Mar 10:23  Mirando en torno suyo, dijo Jesús a los discípulos: ¡Cuan difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen hacienda!
Mar 10:24  Los discípulos se quedaron espantados al oír esta sentencia. Tomando entonces Jesús de nuevo la palabra, les dijo: Hijos míos, ¡cuán difícil es entrar en el reino de los cielos!
Mar 10:25  Es más difícil a un camello pasar por el hondón de una aguja que a un rico entrar en el Reino de Dios.
Mar 10:26  Más aún se espantaron, y decían entre sí: Entonces, ¿quién puede salvarse?
Mar 10:27  Fijando en ellos Jesús su mirada, les dijo: A los hombres sí es imposible, mas no a Dios, porque a Dios todo le es posible.

Sagrada Biblia. Nacar-Colunga (1.944)

“Palabra del Señor”

“Gloria a ti Señor Jesús”

Meditación:

¿Qué he de hacer para alcanzar la vida eterna?

Amigo, tienes fe en Dios, sabes los mandamientos, pero estás más preocupado en cumplir las normas, que en hacer examen de conciencia para saber si estás libre de pecado.

Muchos piensan más, en si han rezado, que en analizar si han pecado.

Algunos creen que la santidad la da el rezar, rezar todo lo que tienen programado, y no es malo rezar, pero primero, antes de rezar, tienes que saber, amigo, si has pecado, si tienes algo contra tu hermano, si amas hoy, ahora, a Dios, sobre todas las cosas y personas.

Repasa los diez mandamientos de la Ley de Dios, ¡los de siempre!, los que Dios escribió con su dedo, en una tabla, y Moisés los dio a conocer; y luego, por la Historia Sagrada, sabemos que esta Ley, la Ley de Dios, los diez mandamientos, están inscritos en el corazón de cada persona, ¡en tu corazón!

Amar a Dios sobre todas las cosas, y amar a los demás como a ti mismo.

Si no lo cumples, antes de rezar, vete a confesar. Porque la oración no te hace vivir en Gracia de Dios, sino que vives en Gracia de Dios por confesar tus pecados y faltas. Y para hacer una buena confesión tienes que saber la Ley de Dios y analizarte continuamente, asiduamente, durante el día, para tener conciencia de si has pecado o no.

La oración de un pecador, poco vale, vale, pero poco.

La oración de uno que vive en Gracia de Dios, es llevada por los Ángeles a la mismísima presencia de Dios.

¡Ya sabes, amigo!, analízate si estás en pecado, si has cometido algún pecado o falta, y antes de rezar, pide perdón a Dios, y en cuanto puedas, vas a confesarte, y viviendo en Gracia de Dios, tu oración es SANTA.

No pierdas de vista lo importante, amigo;,¡vivir en Gracia de Dios!

Ten ojo crítico a tu pecado, ¡no al de los demás!, poco puedes hacer por ellos, lo mejor es darles buen ejemplo de vivir tú en Gracia de Dios. Así, que vigila lo que haces, cómo lo haces, lo que dices, cómo lo dices. Es sencillo, es cuestión de disciplina espiritual y de saberte el catecismo; sobre todo, ten bien sabidos los diez mandamientos; de saberlos y cumplirlos, va tu vida eterna en el Reino de los Cielos, ¡el no va más!, estar con Dios toda la eternidad. ¡Olé!

Te deseo que vivas en Gracia de Dios; tu bondad brotará como agua, será como luz, y Dios Espiritu Santo guiará tus palabras. ¡La dicha será tuya!

Amigo, ¿quieres ser dichoso? Entonces, ¡vive en Gracia de Dios!

¡Ojo al pecado!, vigila continuamente; ¡no peques más!, y si pecas, ¡rápido!, a confesar, amigo.

P. Jesús

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