Saltar al contenido

28 de septiembre de 2018

Viernes 28 de Septiembre de 2.018

Tiempo Ordinario /25º

Misal virtual de hoy AQUÍ

Evangelio:

San Lucas 9, 18-22

La gente no se pone de acuerdo en cuanto a Dios

18Aconteció que, orando Él (Jesús) a solas, estaban con Él los discípulos, a los cuales preguntó: ¿Quién dicen las muchedumbres que soy yo? 19Respondiendo ellos, le dijeron: Juan Bautista; otros, Elías; otros, que uno de los antiguos profetas ha resucitado. 20Díjoles Él: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Pedro, dijo: El Ungido de Dios. 21Él les prohibió decir esto a nadie. Añadiendo: 22Es preciso que el Hijo del hombre padezca mucho y que sea rechazado de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas, y sea muerto y resucite al tercer día.

Sagrada Biblia. Nacar-Colunga (1.944) 

“Palabra del Señor”

“Gloria a ti Señor Jesús”

Meditación:

La gente no se pone de acuerdo en cuanto a Dios

¿Quién es Dios para ti?

Vé, pregunta a otros, ¿quién es Dios?, y muy seguro que te perderás en sus desvaríos, en su falta de información y formación.

Entonces, ve a leer y meditar la Sagrada Biblia, y verás que en el Antiguo Testamento se lee la Palabra de Dios, cumplida en el Nuevo Testamento. Verás que Jesús es Dios, es el Mesías esperado, y comprobarás que la única Iglesia fundada por Jesús, que es Dios, es la Santa Iglesia Católica. ¡No hay otra! No te compliques la vida escuchando a charlatanes, ve a la fuente de la Vida: ve a la Eucaristía. Ve a lo seguro, a lo que escogieron los santos, no te pierdas en lo que hacen o han hecho los malos católicos, los fariseos universales, ¡que hay!, y habrá. ¡No seas tú uno de ellos! No renuncies a Dios. Sin Dios, no vas por buen camino; sin Dios, no tienes amor; sin Dios, no hay esperanza de vida feliz, ni en esta vida ni en la Vida Eterna.

Amigo-a, comprendo que no lo tienes claro, que te falta fe, que has perdido la esperanza, que quisieras que Dios se personara ante ti, te abrazara, y verías así que Dios es Dios, y comprenderías, ¡tantas cosas!, por su amor. Pues, ¡hazlo!, deja que Dios te abrace, deja que Dios te llene con su Amor. Ve a la Confesión, pero una confesión bien hecha, ¡inténtalo!, no tienes nada que perder y TODO por ganar; ¿por qué no te arriesgas a ser humilde y recibir el Amor de todo un Dios que lo perdona todo, TODO, un Dios que te llama, sí, te llama, a través de mis palabras?; ¿no oyes su grito escondido en ellas, el grito silencioso de un Dios que muere de Amor por ti?, sí, ¡por ti!

¡Claro que eres importante!, y lo sabes; sabes que eres importante, que ¡vales la pena!, sólo que necesitas una oportunidad, una más. Y Dios te da todas las que necesites, ¡TODAS!

No lo olvides jamás, Dios te da la oportunidad de que le pidas perdón, para poder perdonarte, ¡que quiere perdonarte!, tantas veces como quieras, tantas como quieras. Repito alto y claro: TANTAS COMO QUIERAS.

Deja que Dios te Ame, ¡¡¡por Dios!!!

No me hagas sufrir tanto; no ves, pero no ves, que soy sacerdote por ti. Por ti.

Ay, hijo de Dios, ¡cuánto sufrimos los sacerdotes!, sí que sufrimos, somos como otros padres tuyos, que velamos por ti; en cada Misa, las palabras de Jesús, de Dios, vuelven a ser pronunciadas por Él, siendo la voz del sacerdote las que las dice en voz alta, para que el pueblo recuerde y sepa que no está solo, que puede vivir eternamente, que resucitará de la muerte y, si come el Pan de Vida, vivirá para siempre.

Tú, que necesitas un abrazo de Dios, ve a buscarlo literalmente en el Pan de la Eucaristía, que te alimenta para que seas fuerte y capaz de afrontar esta vida que tienes, llena de proyectos por hacer, llena de ilusiones que vivir, llena de sueños que realizar; y, ¡Dios quiere ayudarte!, deja que Dios te ayude, y únete a este abrazo de Jesús, que vive, reside en la Santa Eucaristía.

Ve, ve a los brazos de Dios, como irías al abrazo del amado, de la amada, de esta persona por la que esperas entregar tu vida y hacer con ella, y unidos por el sacramento matrimonial, una vida de Verdad, una vida de unión indisoluble, de caridad a raudales, de alegrías y de ayuda mutua. Pues, mientras no la encuentres, practica este amor, amando y dejándote amar por Dios, y Dios, Jesús, te infundirá caridad, te llenará de esperanza y sentirás cómo la fe cambia tu vida. ¡Deja que Dios alimente tu fe con el Pan y la Palabra!, el Pan de la Eucaristía, y la Palabra de la Sagrada Biblia.

La gente no se pone de acuerdo en cuanto a Dios, y te lo digo: Dios es Amor.

Dios te Ama.

P. Jesús

© copyright