Saltar al contenido

2 de octubre de 2016

Domingo 2 de Octubre de 2.016

Evangelio:

San Lucas 17, 5-10

Pidieron, Señor: Acrecienta nuestra fe

Luk 17:5 Dijeron los apóstoles al Señor: “Acrecienta nuestra fe”.
Luk 17:6 Dijo el Señor: “Si tuvierais fe, tanta como un grano de mostaza, diríais a este sicómoro: “Desarráigate y trasplántate en el mar”, y él os obedecería.
Luk 17:7 ¿Quién de vosotros, teniendo un siervo arando o apacentando el ganado, al volver él del campo le dice: “Pasa enseguida y siéntate a la mesa”,
Luk 17:8 y no le dice más bien: “Prepárame la cena, cíñete para servirme hasta que yo coma y beba, y luego comerás y beberás tú”?
Luk 17:9 ¿Deberá gratitud al siervo porque hizo lo que se le había mandado?
Luk 17:10 Así también vosotros, cuando hiciereis estas cosas que os están mandadas, decid: “Somos siervos inútiles; lo que teníamos que hacer, eso hicimos”.

Sagrada Biblia. Nacar-Colunga (1.944)

“Palabra del Señor”

“Gloria a ti Señor Jesús”

Meditación:

Pidieron, Señor: Acrecienta nuestra fe

Los apóstoles pidieron en plural a Dios, porque es bueno, muy bueno, pedir por los otros, por los demás, lo mismo de bueno que quieres para ti; en el Padrenuestro también se pide, se habla en plural, porque todos formáis el Cuerpo Místico de Cristo. ¡Estáis unidos en este Valle de Lágrimas!, y debéis serviros, ¡ayudaros!, ¡amaros!, pidiendo por los demás, lo mismo que pides por ti. Se empieza así a construir un mundo mejor. Los idealistas no son egoístas, los idealistas quieren lo bueno, lo mejor para todos. Tú, ¿cómo pides a Dios?

Cuando uno ora, sabe que está a solas frente a Dios, que todo lo ve y lo sabe, y en ese mismo instante que está contigo, está a la vez, con todos los demás, incluso con los santos que ya viven en el Cielo con Él, y que gozan de la dicha sin fin. Los que están en el Cielo, en el Reino de Dios, comparten la dicha, y aquí en este mundo, los católicos, los bautizados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, esos también comparten lo que hay en este Valle de Lágrimas, comparten la vida; y sabiendo eso, ponte ya, pero ya, una toalla envolviendo tu cintura, arrodíllate, descalza a tu hermano en la fe y lávale los pies; y tú también tendrás el gozo que él tiene, de no sentirse sólo, porque la soledad es como una enfermedad.

Mañana hablaré de la soledad.

P. Jesús

© copyright