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3 de noviembre de 2016

Jueves 3 de Noviembre de 2.016

Evangelio:

San Lucas 15, 1-10

Oír y querer saber

Luk 15:1 Se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para oírle,
Luk 15:2 y los fariseos y escribas murmuraban, diciendo: “Este acoge a los pecadores y come con ellos”.
Luk 15:3 Propúsoles Jesús esta parábola, diciendo:
Luk 15:4 “¿Quién habrá entre vosotros que, teniendo cien ovejas y habiendo perdido una de ellas, no deje las noventa y nueve en el desierto y vaya en busca de la perdida hasta que la halle?
Luk 15:5 Y, una vez hallada, la pone, alegre, sobre sus hombros,
Luk 15:6 y, vuelto a casa, convoca a los amigos y vecinos, diciéndoles: “Alegraos conmigo, porque he hallado mi oveja perdida”.
Luk 15:7 Yo os digo que en el cielo será mayor la alegría por un pecador que haga penitencia que por noventa y nueve justos que no necesitan de penitencia.
Luk 15:8 ¿O qué mujer que tenga diez dracmas, si pierde una, no enciende la luz, barre la casa y busca cuidadosamente hasta hallarla?
Luk 15:9 Y, una vez hallada, convoca a las amigas y vecinas, diciendo: “Alegraos conmigo, porque he hallado la dracma que había perdido”.
Luk 15:10 Tal os digo que será la alegría entre los ángeles de Dios, por un pecador que haga penitencia”.

Sagrada Biblia. Nacar-Colunga (1.944)

“Palabra del Señor”

“Gloria a ti Señor Jesús”

Meditación:

Oír y querer saber

Publicanos y pecadores se acercaban a Jesús, Dios, para oírle, porque querían saber; por eso, hoy ocurre que muchos se informan sobre la Iglesia Católica, y se acercan al Papa, quieren saber; y luego meditan si cambian o no de vida; depende de las obras de la fe de la Iglesia, porque las palabras son las mismas siempre, la doctrina es igual, porque lo que enseña la Iglesia, es lo que ya pasó, lo que está escrito, y esto no puede cambiarlo nadie. Quien quiere seguir a Cristo, tendrá que cumplir con lo mismo que cumplían los primeros cristianos, ¡nada ha cambiado!; ser discípulo de Dios, es igual, es cumplir con los diez mandamientos, orando y usando de los sacramentos. Nada ha cambiado, ni nada cambiará jamás, porque Cristo, el Hijo de Dios y Dios mismo, al morir, dejó dicho todo lo esencial para seguirle, y quien escucha hoy al Papa, es lo mismo que escuchaba decir a Cristo. No puede cambiar lo que se sigue, porque si se cambia, ya no es lo mismo, ya no es igual, y por lo cual, sería una Iglesia distinta, como lo son las más de 40.000 iglesias protestantes, salidas de la vida de Cristo, pero cambiadas a su libre albedrío; sólo la Iglesia Católica, sólo Ella, es fiel a su Fundador, y jamás cambiará lo que Cristo dispuso, ¡no puede hacerlo!, ¡no lo hará jamás!, porque Cristo vela por su amada Iglesia.

P. Jesús

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