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16 de julio de 2018

Lunes 16 de Julio de 2.018

Tiempo Ordinario /15º – Nuestra Señora del Carmen, Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo

Misal virtual de hoy AQUÍ

Evangelio:

San Mateo 12, 46-50

Eres familia de Jesús, de Dios

46Mientras Él (Jesús) hablaba a la muchedumbre, su madre y sus hermanos estaban fuera y pretendían hablarle. 47Alguien le dijo: Tu madre y tus hermanos están fuera y desean hablarte. 48Él, respondiendo, dijo al que le hablaba: ¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos? 49Y, extendiendo su mano sobre sus discípulos, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos. 50Porque quienquiera que hiciere la voluntad de mi Padre, que está en los cielos, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.

Sagrada Biblia. Nacar-Colunga (1.944) 

“Palabra del Señor”

“Gloria a ti Señor Jesús”

Meditación:

Eres familia de Jesús, de Dios

El amor, une. Tú estás unido a Dios porque Dios te ama y te considera de su familia, ¡eres familia de Dios!, porque la familia verdadera está unida por el amor.

Dios, además de ser Jesús, es también Dios Espíritu Santo y es Dios Padre; ¡Dios forma familia y es familia y hace familia con la Virgen María, con San José y con todo aquel que corresponda a su amor, que acepte su amor, que quiera su amor!

Si tú quieres ser amado por Dios, si te dejas amar por Dios, entonces por este mismo amor que aceptas, quieres, vives y compartes, eres familia de Dios.

La familia que no se ama, que hay muy pocas, otra cosa es que el amor en algunos, por celos, envidias, odios, rencor, egoísmos, soberbias, orgullos y toda una serie de males que lleva el no vivir en Gracia de Dios, por faltar una o ambas partes contra uno o varios mandamientos de la misma Ley de Dios, los lleve a dar la parte negativa del amor, porque ocurre esto cuando se peca, cuando se falta a la Ley, que lo bueno se vuelve malo, que el amor se traduce en odio; pero el principio del odio, de la venganza, de todo mal, es no ser, no querer ser perfecto y exigir la perfección a quien se amó; nadie odia a quien antes no amó, no sintió amor por esa persona-s.

La indiferencia no trae, no atrae al odio, al rencor, a la venganza; todos estos malos sentimientos, son atraídos por falta de amor; sea de una parte o de la otra.

A Dios se le odia, porque antes se le amó, se creyó en Él, hubo fe en Él.

Satanás odia a Dios, porque sabe que existe, y cree en esta existencia, porque es la verdad.

Algunos odian porque los aman y no son capaces, y no quieren este amor que tienen sin pedirlo, sin quererlo. Eso lo vemos por los que odian a la Santa Madre Iglesia, porque saben que la Iglesia los ama, reza por ellos, espera por ellos; y si ellos regresan al Hogar, a la Iglesia, saben que Ella, siempre, ¡siempre! los perdona y los acepta, y si vuelven, será como si no se hubieran ido. Y si acuden a Ella, serán bienvenidos siempre, porque la Iglesia Católica, siendo el Cuerpo Místico de Dios, este Amor de Jesús, de Dios, que dice y dijo: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?» Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ése es mi hermano, mi hermana y, mi madre.» Y vemos en las Palabras de Dios, de Jesús, en sus enseñanzas, quién es de la familia de Dios: todo el que cumpla la voluntad de Dios Padre; y la Santa Iglesia, la verdadera Iglesia, la cumple, Ella es fiel discípulo de Cristo y fiel a la voluntad del Padre; los verdaderos católicos, ¡que hay!, y tú eres uno-a de ellos, cumplís la voluntad del Padre, vivís en Gracia de Dios, porque acudís a la confesión y perdonáis a quien peca contra Dios, no cumpliendo los mandamientos de su Ley, aunque sea algunos, o alguno, porque la Iglesia es santa, por Dios, pero está compuesta por pecadores, como tú, que necesitan de los sacramentos, cada dos por tres, para aceptar el amor con que Dios te ama, porque el que peca y no va a confesarse de su-s pecado-s, vive sin la Gracia de Dios, sin recibir, sin tener su amor. ¡Qué tristeza!

Es tanta la tristeza del pecador que no se arrepiente de no cumplir la voluntad de Dios, y que en vez de arrepentirse, en vez de irse a confesar bien, porque algunos van a confesarse, pero lo hacen mal, no piden perdón de todos sus pecados, algunos los justifican por los pecados de otros, ¡y esto no vale!; el no perdonar de corazón a otros que necesitan de confesión por haber pecado, esto te hace un pecador, uno-a peca si no perdona, y si peca, es que por mucho que vaya a confesarse, no recibe el perdón de Dios, y cuando va a comulgar, hace sacrilegio y añade más pecado a sus pecados, porque Dios es así, ¡es bueno!, y Él, Dios, Jesús, sí que perdonó a todos, ¡a todos!, dejando que cada uno se las apañe con Dios en el día de su juicio particular, pero algunos, quizás tú mismo-a, no perdonas a alguien que has amado, no perdonas porque juzgas y sentencias, y haciendo esto te haces Dios, y ni Dios, Jesús, cuando estuvo en este mundo, juzgó o sentenció, sino que a todas horas hablaba de amor, de hacer la voluntad del Padre Dios.

Y esto es lo que tienes que hacer tú, mi querido hijo, mi amada hija, es aceptar que el pecado existe y que si tú pecas, ¡que pecas!, otros pecan también, y quizás en otras cosas que a ti no te es tan fácil caer en la tentación, porque 10 son los mandamientos de la Ley de Dios, y tanto va al Infierno quien comete adulterio como quien desea fervientemente lo que otros poseen y es suyo, como su mujer o su esposo, que en este caso, de adulterio, cuando uno-a lo comete, va contra el sexto mandamiento, contra el décimo y unos cuantos más, como el primero y el noveno…

Lo que quiero que tengas claro, es que tú pecas y otros pecan también, eso no quiere decir que por saber del pecado y aceptar que existe y está ahí, uno tenga que vivir pecando “alegremente” porque sí, ¡no!, eso no lo quiere Dios. Dios quiere que tú y todos os arrepintáis y, yendo a confesar el pecado o pecados, queráis vivir en la Gracia de Dios, dejando que Dios, Dios que vive en ti, contigo, ame a quien tú amas y forméis una familia unida por el Amor, viviendo la caridad, que la caridad es esto, amar a los demás, no por sus propios méritos, sino por los deseos de Dios Padre, que quiere que se ame, que quiere que ames y seas como es su Hijo Dios, Jesús, que perdonó a todos, y eligió a sus amigos en las virtudes de la fe.

Mañana os hablaré de las virtudes de la fe. ¡Hasta mañana!

P. Jesús

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