Saltar al contenido

12 de diciembre de 2017

Martes 12 de Diciembre de 2.017

Misal virtual de hoy AQUÍ

Evangelio:

San Mateo 18, 12-14

Sal a buscar a tu cónyuge que se ha perdido

Mat 18:12 Dijo Jesús a sus discípulos: “¿Qué os parece? Si uno tiene cien ovejas y se le extravía una, ¿no dejará en el monte las noventa y nueve e irá en busca de la extraviada?
Mat 18:13 Y si logra hallarla, cierto que se alegrará por ella más que por las noventa y nueve que no se habían extraviado.
Mat 18:14 Así os digo: En verdad que no es voluntad de vuestro Padre, que está en los cielos, que se pierda ni uno solo de estos pequeñuelos”. 

Sagrada Biblia. Nacar-Colunga (1.944) 

“Palabra del Señor”

“Gloria a ti Señor Jesús”

Meditación:

Sal a buscar a tu cónyuge que se ha perdido

El hogar es más aún que un rebaño, y el cónyuge que tiene fe, el consagrado, es la fuerza del amor esponsal, que no sólo cuida del hogar, de que la familia no se pierda, que esté unida en la fe, sino que perdona a la oveja descarriada que se ha perdido, al cónyuge, al hijo, al hermano que está pasando una crisis de identidad, y está pecando mientras vive en el hogar familiar.

Es duro perdonar a los de casa. Sé que os cuesta mucho, porque habíais puesto en pedestales a cada uno de los que tanto amáis, y las personas son de barro.

Dios cogió barro y formó con él la figura del hombre, sopló en sus narices y tuvo vida. ¡Barro!, Adán fue hecho de barro, y pecó, se dejó seducir por la mujer, que siendo como él, salida de él, de barro, y habiendo el demonio dominado a la mujer, habiendo sido ésta perseguida por él, cayó y pecó contra Dios, arrastrando con ella al hombre, que pecó también… y fueron los dos echados del Paraíso.

Y aquí vivís todos, en este mundo, plagado de tentaciones; ¡que lo sepáis!, porque algunas veces, la fe os llega a hacer pensar, que con la sóla fe os salváis, pero no es así; aquí, en este mundo, está la tentación; incluso ella, la tentación, vive dentro de ti, en tus concupiscencias. Por eso Dios os tiene misericordia, porque sabe que no os sirve la sóla fe, que necesitáis de su misericordia y de vuestra caridad, de perdonaros por amor a Dios, de ayudaros por amor a Dios, de consolaros por amor a Dios, de no permitir el mal por amor a Dios…

El que sale en busca de la oveja perdida es el Pastor, es Dios, y Dios te dice una y otra vez, “¿qué quieres de Mí?”; así que díselo, dile lo que quieres de Él, y para eso te vale la fe.

A los casados que tienen a su cónyuge extraviado, a veces, con doctrinas falsas, a veces, arrastrados por otros familiares que no saben lo que hacen; a los que ven cómo el amor de su juventud pasa de largo, que sepan que siempre tienen a Dios, que siempre tienen esperanza de recuperarlo, porque Dios sigue haciendo milagros hoy; pero tiene que perdonar, porque todo pecado que uno hace, lo hace contra Dios, y Dios perdona a todos; así que tú tienes que perdonar y pedir, y si realmente tu matrimonio era un sacramento, si realmente era válido, ¡no pierdas la esperanza!, porque tu fe, con tu caridad, y por el poder de Dios, te devolverá, con el tiempo, quizás largos años, a tu cónyuge al hogar. Debes comprender que las personas son de barro, ¡tú también! Dale gracias a Dios por no tener pecados graves. Y si eres tú quien abandonó al cónyuge, regresa, pide perdón a Dios y a tu cónyuge, y regresa a la unión, aceptando todo por lo que deberás pasar por tu traición. Si te fuiste porque tu cónyuge no era perfecto, porque te agredía, y “ni te dejaba respirar”, porque no era fiel, porque trabajaba en cosas que no eran de tu agrado… si te fuiste, si dejaste al rebaño solo, siendo vuestro matrimonio canónico, traicionaste tú también el amor esponsal; y déjame recordarte, que tú como tu cónyuge, sois ambos de barro.

Puede que puedas volver con tu cónyuge, puede que no, porque primero de todo es tu salvación, pero ayuda siempre a quien amaste, dando buen ejemplo y rezando a Dios por su salvación, y Dios hace. Rezar, también es salir de ti, por la oración, y con tu ejemplo, andar los caminos buscando al cónyuge perdido.

Reza, usa de los sacramentos y la bondad, y Dios siempre tiene la última palabra. Tu fe salva, por las obras de misericordia, por la esperanza, y viviendo la caridad.

No te enfades por la libertad de otros, aunque la usaron mal; no hay mal que por bien no venga. Tú sé santo-a. Amén.

P. Jesús

© copyright