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10 de marzo de 2018

Sábado 10 de Marzo de 2.018

3.º de Cuaresma

Misal virtual de hoy AQUÍ

Evangelio:

San Lucas 18, 9-14

A los que se tienen por justos y desprecian a los demás

9Dijo Jesús también esta parábola a algunos que confiaban mucho en sí mismos, teniéndose por justos, y despreciaban a los demás: 10Dos hombres subieron al templo a orar, el uno fariseo, el otro publicano. 11El fariseo, en pie, oraba para sí de esta manera: ¡Oh Dios!, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, rapaces, injustos, adúlteros, ni como este publicano. 12Ayuno dos veces en la semana, pago el diezmo de todo cuanto poseo. 13El publicano se quedó allá lejos, y ni se atrevía a levantar los ojos al cielo, y hería su pecho diciendo: ¡Oh Dios!, sé propicio a mí, pecador. 14Os digo que bajó éste justificado a su casa, y no aquél. Porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado.

Sagrada Biblia. Nacar-Colunga (1.944) 

“Palabra del Señor”

“Gloria a ti Señor Jesús”

Meditación:

A los que se tienen por justos y desprecian a los demás

Este orgullo, ¡este orgullo tuyo!…

Te falta amor, y no lo sabes. No te has enterado aún de que el sufrimiento no aceptado, hace que seas hoy, ahora, un orgulloso. Vino alguien, hace tiempo, y te dijo y te hizo algo feo, algo malo, algo digno de ser repudiado, y tú hiciste ver que no te hacía daño; te hiciste creer que no te importaba, y… ya ves, ¡perdiste!; te hiciste orgulloso. Te encerraste en una montaña, y vives como un lobo solitario. Te respetan por miedo a tus alaridos, ¡no tienes buenos amigos!, porque no aceptas que se te dañó y se te daña. Y ahora, además, vas de justo y vas despreciando a los demás, en tu reinado oscuro de la soledad sin Dios, porque Dios quiere que perdones; pero como no aceptas que te dañaron, ¿qué vas a perdonar?; dices que no tienes nada que perdonar, y sigues solo-a.

¿Cómo salir de ésta?… ¡Mañana!; mañana continuaré hablándote. ¡Ven mañana!, vuelve a leerme. Sabes que te aprecio y aún más que esto, pero no lo diremos, ya que no quieres, no deseas que nadie te tenga compasión, que nadie te quiera bien. Bueno, no importa, yo sé lo que siento por ti, y por ti y por ese y el otro, porque unido a Dios Padre, ¡os amo tanto!, que por esto sigo y seguiré hablándote. En mis palabras hallarás las visiones de un sacerdote que tiene fe y ve, ve de lo que necesitas y te sirve, porque yo he venido a servirte. ¿Qué quieres de mí? ¡Venga pues!; si es bueno, ¡pídeselo a Dios!, y por Jesús, Dios Hijo, te lo va a conceder.

¡Hasta mañana! (Estoy contento de ti y contigo).

P. Jesús

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